Domingo, 16 de abril de 2006
Críticas de Cine: Memorias de una geisha
No soy un experto en la historia o costumbres del Japón. Tampoco creo que sea correcto comparar una fuente literaria con su adaptación cinematográfica. Prefiero hacer el esfuerzo por olvidar cualquier referencia sobre el material que estoy a punto de ver en el cine y, aunque no siempre se consigue lo que uno se propone, trato de analizar las películas de ese modo.

En el caso de "Memorias de una geisha", la muy publicitada película de Rob Marshall, uno puede caer en odiosas comparaciones con otras producciones, especialmente los filmes clásicos de Mizoguchi, o también volver a los detalles de la novela de Arthur Golden y pretender que sus páginas contienen una especial sabiduría que no ha llegado a la pantalla. Porque el impacto que ambas referencias han causado es invalorable. Por un lado, los cinéfilos nos sentimos seducidos sin remedio por esos conflictos que el viejo maestro japonés supo componer en sus historias femeninas. Y no hay que olvidar el tremendo interés que la novela de Golden despertó en el mundo entero, pese a ser la visión occidental de las milenarias costumbres niponas.

"Memorias de una geisha" es la historia de una transformación. La irresistible saga de una indefensa niña que debe aprender a sobrevivir en un mundo de tradiciones. Al crecer y dejar en claro que pronto será una belleza extraordinaria, comenzará el duro aprendizaje para convertirse en geisha. Las incidencias en este desarrollo --enemistades con sus colegas, amores difíciles de consumarse, el momento histórico-- componen el extraordinario mosaico sobre el que destaca nítida la imagen de Sayuri, la heroína.

Hasta aquí el anecdotario. Una sucesión de episodios dramáticos rodeados por la espectacularidad propia de una película proveniente de la maquinaria de producción de Steven Spielberg. Pero solo eso, es una sucesión de viñetas ensambladas con sentimentalismo alrededor de la triste y a la vez afortunada Sayuri. Felizmente se trata de un personaje tremendamente simpático, por lo que sus tribulaciones las compartimos con cierto entusiasmo. Pero nada más que eso.

Lo que sucede con Sayuri y su entorno es que, pese a los rostros orientales de los protagonistas y a los exquisitos decorados que los rodean, parece más bien que estuviéramos frente a creaciones de Charles Dickens o Charlotte Brontë. Las geishas y los demás personajes difícilmente pueden parecer japoneses bajo la estructura de un melodrama de Hollywood. Simplemente no funciona.

Finalmente, podríamos analizar "Memorias de una geisha" como si se tratara de un melodrama estadounidense y aun así no estaríamos frente a una gran película. Es el típico caso en que la exuberancia de los recursos para recrear una historia no aporta mucho a un relato excesivamente delicado y solemne. Falta espontaneidad, vida, verdadera pasión.

Las actuaciones son intachables. Ziyi Zhang es una deliciosa actriz dramática, capaz de darle mesura a un escenario que comparte con dos personalidades explosivas: Michelle Yeoh y Gong Li. Las tres son parte de un reparto muy bien equilibrado. Pero ellas no pueden hacer más por una producción demasiado pensada para parecer lo que, a la larga, no es.



Alberto Servat



¿Qué temas urgentes, en materia económica, debería resolver el próximo Presidente del Perú en los primeros 100 días de su mandato?
4 Envíe su opinión


Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa