A tenor de sus declaraciones, la designación del abogado Carlos Briceño Puente como procurador ad hoc para el Caso Fujimori no ha sido la más adecuada y demanda ser revisada. Parece quedarle demasiado ancho el cargo y demasiado corta su visión de lo que debe y tiene que hacer.
No es serio que el nuevo procurador se haya lanzado a criticar al Poder Judicial por supuestamente no haber elaborado bien los expedientes de extradición, sin haberse empapado antes del asunto. Con estas ligerezas ha creado además un nuevo e innecesario roce con las autoridades judiciales y, de paso, ha debilitado la posición peruana ante los jueces chilenos, en un caso crucial para la restauración ética y política de la nación. También ha dicho que conocía del caso principalmente por reportes periodísticos y no ha coordinado con el abogado del Perú en Chile.
Hay que invocar al Ejecutivo a revisar este nombramiento. La procuraduría, que tiene un encargo tan trascendental y fue dirigida por juristas renombrados como José Ugaz y Luis Vargas Valdivia, debe mantener sus niveles de eficiencia, prestigio y credibilidad con un procurador que esté a la altura del cargo.