9:26 | El analista estadounidense Benjamín G. Hess hace un repaso del origen de las discrepancias entre países de nuestra región
Por Miguel Vivanco, corresponsal
WASHINGTON. La reciente crisis diplomática entre Colombia y Ecuador ha demostrado que todavía es frágil la tan promocionada unidad entre los países de América Latina. Todo indica que aún persiste una brecha entre el discurso político y la acción al momento de resolver los problemas externos e internos. Benjamín G. Hess, analista político de Washington y experto en relaciones internacionales, considera que el problema es algo recurrente en la historia de las naciones latinoamericanas, que siempre anhelan la integración regional, pero les cuesta alcanzar la consolidación real.
¿Realmente existe la denominada unidad latinoamericana?
Todo depende de cómo se quiera ver el tema. Si hablamos de tratados y grupos de trabajo, la cooperación es fluida. Ahora, si vemos el tema vinculado a los intereses en particular o en momentos de crisis, todo demuestra la vigencia de las viejas divisiones entre muchos países de la región.
¿Estamos hablando de una desconexión histórica?
No hablemos de desconexión, sino más bien de falta de consolidación. Muchas veces se habla de América Latina como región homogénea, agrupando a todos los latinoamericanos por su idioma, geografía y una historia colonial compartida. Es ingenuo hablar de los latinoamericanos como un pueblo unido y homogéneo.
Muchos consideran que después de siglos de historia compartida, la unidad de los pueblos es un hecho descontado...
No siempre es así. Muchas veces al momento de comparar la teoría con la realidad uno descubre hechos discrepantes, que van desde las diferencias económicas y sociales, hasta las étnicas. No puede haber coincidencia de criterios cuando uno compara, por ejemplo, la realidad o aspiraciones de un argentino de ascendencia italiana con un indígena de Guatemala.
¿Pero allí hablamos de razas?
No me refiero únicamente al factor raza. Lo que debemos tener en cuenta es que con más de 500 millones de personas en alrededor de 20 países, sin incluir la mayoría de las islas del Caribe, América Latina es una región diversa geográfica, política y culturalmente. Si esos elementos no se condicen con el discurso político o diplomático, resulta muy complicado hablar de unidad.
Algunos analistas consideran que la integración económica regional es la 'llave' que permitirá abrir todas las puertas...
La economía es un factor importante al momento de hablar de integración, pero no lo es todo. Hoy, a pesar de que en América Latina hay acuerdos de libre comercio vigentes y bloques de cooperación, como la Comunidad Andina y el Mercosur, todavía no existe una relación más dependiente entre los países.
¿Las falencias señaladas son consecuencia de la fragilidad democrática de la región?
Eso depende del ángulo con que se quieran ver las cosas. No nos olvidemos que la democratización de la región se gestó en los años 80 y 90, creando esperanza de paz y seguridad regional. En ese momento los analistas políticos decían que la integración se daba por descontada debido a que las democracias no se pelean unas con otras.
¿Y eso no fue cierto?
Yo considero que no lo fue del todo. Tenemos como ejemplo el conflicto entre Ecuador y el Perú en 1995, que al final encontró una salida diplomática. Sin embargo, hoy las disputas ambientales entre Argentina y Uruguay por una fábrica contaminante podrían derivar en un problema mayor.
Los problemas vinculados con el comercio surgen en cualquier momento. ¿Cree que eso es una amenaza para la integración?
Si se tratase de algo meramente comercial o de desarrollo industrial, no habría mayor preocupación. El tema se complica cuando surgen problemas vinculados con la historia o el nacionalismo.
¿Se refiere a un caso en particular?
El tema de Chile y Bolivia por el acceso al mar. Allí existe una situación complicada, pues tanto el crecimiento económico como la integración regional exigen el desarrollo autónomo de un comercio marítimo. Pero si agregamos el tema de la soberanía marítima la lista de países podría incrementarse.
¿Y, entonces, dónde queda la unidad latinoamericana?
La crisis entre Colombia y Ecuador parece demostrar que la hermandad latinoamericana sigue siendo un mito.
¿No cree que a lo mejor se trata de diferencias meramente políticas?
Sería injusto solo hablar de diferencias e ignorar las semejanzas. Al ver el universo de presidentes latinoamericanos se pueden advertir estilos muy distintos de gobernar. Todos se llaman demócratas, hablan de humanizar la economía y combatir la pobreza. Solo un grupo habla del surgimiento de una nueva izquierda latinoamericana. Pero si bien varios mandatarios se autocalifican de izquierda, es evidente que hay diferencias importantes entre ellos también.
¿Las diferencias se deben al fracaso de las reformas neoliberales en los años 90?
El hecho de no haber erradicado la pobreza y la desigualdad social en América Latina son factores clave.
¿Qué papel juega Estados Unidos en la región?
La pregunta es muy amplia y se podría enumerar muchos factores, pero no podemos olvidar que la construcción de la unidad latinoamericana es una tarea que les corresponde a los países de la región. Por ejemplo, hoy el presidente (Hugo) Chávez se ha situado como contrincante de EE.UU., que históricamente ha jugado un papel muy importante en la región, para bien o para mal. Sin embargo, desde los ataques del 11 de setiembre del 2001, Washington se ha limitado a enfocar los temas del terrorismo y narcotráfico en la región.