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Ex inquilino de Fritzl cree que pagó cuentas de electricidad del escondite

12:09 | Sepp Leitner le alquiló al 'monstruo de Austria' un departamento en los noventa y se sorprendía por los excesivos recibos que tenía que pagar

Viena (EFE).- Un antiguo inquilino de Josef Fritzl, el hombre que mantuvo a su hija Elisabeth encerrada en un sótano durante 24 años, dice estar seguro de que mientras vivió en el mismo edificio pagó sin saber la electricidad consumida por los habitantes del calabozo.

Sepp Leitner es un camarero que a principios de los noventa alquiló durante cuatro años un apartamento de 30 metros cuadrados en la planta baja de "la casa de los horrores", en la localidad austríaca de Amstetten, informó este viernes el diario vienés "Die Presse".

En declaraciones al rotativo, afirmó que nunca oyó ningún ruido que le resultara sospechoso, pero lo que sí le llamó la atención fueron sus exorbitantes cuentas de electricidad, por las que tuvo una pelea con Fritzl -quien también intentó violar a dos chicas en los sesenta-, aunque finalmente tuvo que pagarlas.

Hoy se arrepiente profundamente de no haber indagado más, pues está convencido de que si lo hubiese hecho se habría descubierto mucho antes el macabro secreto del dueño del edificio.

Explicó así que su cuenta de electricidad correspondiente a un trimestre era de unos 5.000 chelines austríacos (unos 350 euros). Habló con otros inquilinos y al comparar las facturas dedujo que la suya no debería superar los pocos cientos de chelines, y no solo por lo reducido de su vivienda.

También porque apenas tenía electrodomésticos, ni siquiera una lavadora de ropa y porque se solía ausentar durante varios días, pero se percató de que, aun cuando apagaba todas las fuentes de consumo eléctrico, el contador seguía marcando. Aseguró que intentó averiguar las causas de tan extraño hecho con un técnico electricista, pero sin éxito.

"Si hubiese seguido escarbando hasta desvelar el secreto de las cuentas de electricidad, quizás hace mucho que se hubiese encontrado el escondite" minuciosamente construido por Josef Fritzl, quien precisamente era técnico electricista de profesión.

Por otro lado, el camarero recordó haber visto con frecuencia a Fritzl "como entre las 22:00 y 23:00 horas entraba en el jardín, siempre con bolsas de compras". También contó que a los inquilinos les estaba prohibido usar el gran jardín del edificio, entrar en el sótano o utilizar la terraza, y también tener animales domésticos.

Pero a pesar de ello Leitner se compró un perro con la esperanza de que Fritzl no lo descubriese, pero el can llamó la atención al poco tiempo. Un nuevo motivo de pelea con el arrendador que finalmente lo llevó a dejar el apartamento.

El camarero recuerda que el perro solía "asustarse mucho" por las noches y piensa ahora que fue porque el animal sentía a los habitantes de abajo. Asimismo, cree saber ahora la razón de otro misterio: Muchas veces desaparecía comida de su refrigerador, y lo mismo le ocurría a otros inquilinos.

Sabían que el dueño del edificio tenía una llave que abría todos los apartamentos, pero no podían imaginarse que tuviera necesidad de robar comida. Hoy Leitner está seguro que los alimentos desaparecidos eran destinados a Elisabeth y los tres hijos que vivían con ella.

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