8:13 | El escritor español Juan José Millás se encuentra en Lima para presentar "El mundo", Premio Planeta 2007
Por Enrique Planas
"El mundo", la novela del escritor español Juan José Millás (Valencia, 1946) es la brillante crónica de sus sueños de infancia, pero especialmente el cuaderno de bitácora de un escritor que se aventura a escribir de su niñez en la triste y pobre España de Franco. Y por ello, además del relato autobiográfico, Millás comparte el origen de su vocación literaria. "Yo tuve una relación muy complicada con el lenguaje", confiesa uno de los más reconocidos escritores españoles, de paso por Lima para promocionar la novela laureada con el premio Planeta 2007. "Para mí, las palabras no eran mero sonido. Ellas olían, tenían textura. Esta relación de extrañeza con el lenguaje, que implica una relación de extrañeza con la realidad, me marcó mucho. Creo ser escritor por eso", confiesa.
¿Usted también tuvo que defenderse de los críticos del premio por haberse alzado con el Planeta?
Siempre hay un grupo de gente para quienes ganar el Planeta se convierte en un estigma. Pero es una resistencia que se está venciendo en España. Yo estoy muy contento, hay mucha gente que se acerca y me dicen: "Pese a haber ganado el Planeta, es una gran novela" (ríe).
Fue bastante audaz participar en el concurso con una novela en la que el protagonista lleva su nombre...
Bueno, es que yo no intentaba ocultar que el personaje principal de la novela era un Juan José Millás niño, personaje con el que yo me relacionaba muy bien, pues a medida de que yo lo construía a él, él me reconstruía a mí. Pero es verdad de que yo tenía algunas dudas. Era una novela muy personal y la guardé en un cajón durante un año y medio.
¿La guardó por pudor?
Había algo de pudor, sí. Pero siempre he pensado que las novelas recién acabadas deben reposar y ser vueltas a leer pasado un tiempo. Eso te permite juzgarla como si fuera escrita por otro. Cuando la volví a leer me gustó mucho. Fue cuando decidí publicarla. Entonces tuve una huida hacia adelante. Es cierto, la podría haber publicado por los canales normales por los que publico habitualmente, pero precisamente el miedo que me daba publicarla me empujó. Esa es una característica personal mía, suelo abrazar aquello que me da miedo. Entonces decidí presentarme al Planeta sabiendo que, si lo ganaba, la novela tendría una proyección mucho mayor e iba a hacer mucho más ruido. Estoy muy satisfecho de haberlo hecho así.
Para escribir "El mundo", ¿cómo fue el proceso de recordar no solo sus historias de la infancia, sino recrear su propia sensibilidad infantil? Dicen que la madurez es, justamente, olvidar cómo pensábamos de niños...
No sé cuál ha sido el método. A mí esto me ha cogido por sorpresa, no estaba en mi proyecto escribir esta novela. Lo que me sucedió es que se rompió la caja de la memoria. Y por una grieta empezaron a salir todos estos materiales sin que yo pusiera ninguna voluntad. Yo era un mero intermediario entre mi memoria y el papel. Esta novela está escrita en un estado de trance. Es algo que agradecemos los escritores, porque pasa poco...
Un estado de trance que tiene también de febril. Usted ha dicho que sus mejores páginas las ha escrito marcado por la fiebre...
Para mí la fiebre está muy ligada a mi infancia. Yo sufría con frecuencia de anginas, y la fiebre me proporcionaba estados de delirio que hoy recuerdo con mucha nostalgia. El adolescente tiene unas antenas especiales para estar en contacto con instancias de la realidad que no están al alcance de cualquiera. Pero si a eso le añades la fiebre, se convertirá en un tipo muy perceptivo. De mayores perdemos esas capacidades porque el proceso educativo consiste en amputarnos esas capacidades. Pero es con aquella fiebre con la que hoy sigo trabajando.
La presencia paterna y materna está muy presente en su novela. ¿Estamos condenados, como dice, a convertirnos en nuestros padres?
En alguna medida sí. No sé si es una maldición o una bendición. Eso se percibe a medida que uno se va haciendo mayor: van apareciendo gestos, actitudes, reacciones que se parecen mucho a las de nuestros padres. Para construirse una identidad propia, uno tiene que desprenderse de ellos. Luego, fatalmente, regresamos a ellos de nuevo.
Finalmente, ¿cree que esa infancia triste y pobre de la época posterior a la Guerra Civil es lo que une a la generación de la llamada Nueva Narrativa Española a la que usted pertenece?
Creo que no. La última generación que hay en España, un grupo con intereses comunes y mucha relación entre sí, es la de los años 50. Hablo de Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Juan García Hortelano... Era un grupo que se pasaba las tardes juntos, intercambiando libros. Eso ha desaparecido. Yo no tengo la sensación de pertenecer a una generación y no creo que nadie de mi edad la tenga.
EL DATO
Dos veces Millás
Hoy el escritor español tendrá dos encuentros con sus lectores. A las 3:00 p.m. lo acoge la librería del campus de la PUCP en San Miguel. A las 7:30 p.m. ofrecerá en el auditorio de la UPC (Av. Salaverry 2255) la conferencia "La novela autobiográfica: entre el testimonio y la ficción".