9:25 | Silvia Reyes, Patricia Pérez, Carmen Retuerto y Margarita Herrera cuentan sus experiencias vividas a lo largo de su carrera
Por Mario Fernández
En el mundo se dan muchas formas de maternidad. Hay madres que llevan a sus hijos sobre sus espaldas, las que los dejan encargados a otras madres, no faltan quienes ejercen el doble papel en el hogar y hasta les enseñan a sus retoños a trabajar a su lado. También están las que eligen confiar --momentáneamente-- el cuidado de sus hijos a sus propios maridos o familiares ¡para ir a los estadios a dirigir un partido de fútbol!
Margarita Herrera Aguirre (32), Patricia Pérez Assante (37) y Carmen Retuerto Pizarro (37) forman parte de esta última realidad. Hay una cuarta, la árbitra FIFA Silvia Reyes Juárez (27), la del amargo episodio con el futbolista uruguayo Mario Leguizamón.
Patricia, cuñada de Winston Reátegui, actual presidente de la Asociación Peruana de Árbitros y juez FIFA, tiene sobrados motivos para hablar hasta por los codos de un ámbito dominado por los hombres; de confesar que si hoy es jueza FIFA es porque su hermana Ana (esposa de Winston, que también fue FIFA) la animó a inscribirse en un curso en 1996 y "allí empezó todo".
De estar rodeada de lunes a viernes de niños en el colegio Mi Pequeño Castillo de San Borja, donde trabaja como profesora de educación inicial, y de cuidar a sus hijos Andrea (11 años) y Sebastián (6) en su hogar de Surco, Patricia pasa los fines de semana a un escenario apasionante y donde hay que aplicar una disciplina distinta.
"Claro que he pasado por momentos difíciles en un partido, de escuchar mentadas de madres por aquí y por allá, pero creo que el punto clave para salir cada más vez segura a una cancha es la experiencia", añade esta mujer de menuda figura y con peinado de cola de caballo a quien vemos correr de un lado a otro sancionando faltas.
"¿Que me he equivocado al señalar una infracción? Por supuesto, y solo me queda exclamar ya viendo el video en casa: '¡Uy la embarré!'. Pero es porque el ser humano siempre está predispuesto para el error", dice Patricia mientras se alista para ingresar a la cancha de la Videna a practicar con sus colegas. "Pero los jugadores no deberían agarrarse de ese error para decir que lo hacemos de mala leche".
Confiesa que su esposo, Luis Ramírez, cada vez que sale de casa rumbo al estadio le recomienda que tenga mucho cuidado. "Andrea y Sebastián también se quedan con él, porque no es recomendable que me vean en la cancha frente a jugadores y aficionados dentro de todo ese apasionante mundo del fútbol", dice.
Reconoce que la carrera del arbitraje no es nada fácil, pero ella nunca ha tenido ningún problema serio y que el carnet internacional que hoy posee la llevó a estar en el último Sudamericano Sub 20 femenino de Brasil.
En el medio local tiene muy presente el Boys-Melgar jugado en el Callao el año pasado y que dirigió Miguel Magallanes. "Sin ánimo de 'jamonearme', tuve una actuación redonda al extremo que al final fui felicitada por el argentino Juan Carlos Loustau, comisario FIFA y de la Conmebol, que estuvo ese día".
"Tuve miedo"
Margarita no puede olvidar su debut como árbitra de línea. "Jugaban Sacachispas y Paz Soldán por la Tercera División en la Liga del Rímac cuando validé un gol porque la pelota realmente ingresó, pero el arquero del Paz Soldán no lo entendió así y casi me mata. No tienes idea de la sarta de lisuras que me dijo, y en esos segundos se me cruzó por mi mente esta pregunta: '¿Qué haces acá, Margarita?'".
Sin embargo, nada la amilanó y siguió en las canchas. Y también como buena madre atendiendo a su pequeño Alexis (11), un niño autista que --por propias palabras de Margarita-- "ha progresado mucho, pero sabe bien que si quiere estar al nivel de sus compañeros en el colegio Salcantay tiene que estudiar el doble de lo que realizan ellos".
Como estudiante de Psicología en la Universidad Garcilaso de la Vega, Margarita confiesa que siempre hizo deporte, especialmente el baloncesto. "Un tío mío, Roberto Loza, me metió en esto del fútbol, en el que ya llevo diez años, y aspiro a más: ser juezaFIFA".
"¿Que si llevo a Alexis a verme a los estadios? No, no está para ese ambiente. Pero está al tanto de lo que tengo que hacer. Los días lunes y martes me dice que debo ir a la Videna a entrenar. Y el día que estoy nominada para un partido, me abraza, me besa y me desea mucha suerte", confiesa emocionada Margarita.
Sí se puede
Carmen le preguntó un día a su hermano Jesús si las mujeres podían estar dirigiendo un partido de fútbol. Como la respuesta fue afirmativa, no tardó en graduarse en 1994 con el recordado César Orosco.
"A partir de allí cambió mucho mi vida", dice esta madre soltera con galardón FIFA y con un hijo de 4 años de nombre Omar, quien siempre le pide que le envíe saludos cuando los periodistas la entrevistan, "sea por radio, televisión o periódico me dice en su lengua", añade sonriendo.
Y, al igual que Margarita, Carmen ha pasado por momentos de apremio. "En mis comienzos un jugador de la Liga de Lince llegó a pecharme y casi me hace caer al piso, pero la verdad es que estos hechos nos motivan a seguir y no detenernos".
El hecho de ser internacional ya la llevó a estar en el Sudamericano Sub 17 y figurar en la final que disputaron Brasil-Argentina con Silvia Reyes como árbitra principal.
Pero Carmen no vive solamente del fútbol. En su casa del cono norte, en Villasol, tiene una fábrica de calzado con su familia. Y aprende inglés porque por ser FIFA está obligada a saber ese idioma.
Oídos Sordos
Silvia Reyes, madre soltera, representa hoy a la única árbitra FIFA en el fútbol peruano. "No me gusta que me recuerden a mi madre. Me subleva. Muchas veces me peleaba con el público cuando se daban esos casos. Por eso no llevo a mi única hija, Reina de los Ángeles (10), a los estadios", dice.
Reconoce que salvo Leguizamón, ningún jugador se ha excedido en insultos contra ella. "Más bien más de uno me ha rogado que no le muestre tarjeta roja".
Silvia señala que hoy espera estar reunida con su hija y su señora madre, Lourdes Juárez, considerada la pionera del arbitraje femenino en el país.
Así transcurren sus vidas Silvia, Patricia, Carmen y Margarita. Apasionadas con el fútbol, sin dejar nunca de perder el vínculo con sus hijos como la más sagrada y afinada definición del amor que, en definitiva, es lo que más se habla en el Día de la Madre como hoy.