7:57 | "La escala de las protestas mostrará que el Gobierno tendrá que revisar sus planes bajo presión", dijo Bernard Thibault, líder del poderoso sindicato CGT
París (Reuters).- Los sindicatos de trabajadores franceses llevaban a cabo el jueves protestas en todo el país contra los planes del presidente Nicolas Sarkozy de estirar los plazos para obtener la jubilación.
En una extraña muestra de unidad, los cinco mayores sindicatos franceses convocaron a sus miembros a tomar las calles de 80 ciudades para denunciar la decisión del Gobierno de hacer que las personas dean trabajar 41 años antes de jubilarse, contra los 40 necesarios actualmente.
"La escala de las protestas mostrará que el Gobierno tendrá que revisar sus planes bajo presión", dijo a la cadena de televisión France 2 Bernard Thibault, líder del poderoso sindicato CGT.
Las primeras señales sugerían que la jornada de protesta tendría un impacto relativo. El transporte público en las dos principales ciudades francesas, París y Lyon, no era muy afectado por la medida, pero las interrupciones eran importantes en la tercera ciudad, Marsella.
Dos de cada tres trenes de alta velocidad corrían normalmente y las escuelas estaban abiertas, indicando que las actividades se desarrollaban como de costumbre en gran parte de Francia.
Sin embargo, los sindicatos dijeron que el éxito de su protesta debería medirse por la cantidad de gente que acudirá a sus mitines. La principal marcha tendrá lugar en París, donde se esperan 500.000 personas.
Más de un milló de personas salió a las calles durante la última demostración de este tipo contra una reforma al sistema de pensiones en el 2003, y cualquier cifra por debajo de eso debilitaría la posición de los sindicatos.
Junto a la protesta por la reforma jubilatoria, Sarkozy enfrenta también desafios de otros sectores el jueves, con una huelga de trabajadores portuarios por planes para privatizar parte del sector.
Además, los pescadores aún interrumpen el tránsito portuario en su lucha contra el alza de los costos del petróleo.
Un año después de ser elegido a caballo de una plataforma que promovía profundas reformas económicas, la aprobación popular de Sarkozy ha caído arrastrada por la preocupación por el alza en el costo de vida y el disgusto con su estilo de gobierno.
Los sindicatos esperan aprovechar ese descontento y obligar al Gobierno a dar marcha atrás con la reforma a las pensiones.
Pero el Gobierno insiste en que la mejora en la expectativa de vida, junto a las debilitadas finanzas públicas, significan que la edad jubilatoria debe elevarse, como ocurre en el resto de Europa.
Quienes se oponen a esa visión dicen que el problema real es que muchas compaias se desprenden sistemáticamente de trabajadores de más de 50 años, que entonces reciben generosos beneficios hasta que pueden jubilarse formalmente, y sostienen que el Gobierno debería enfrentar ese problema primero.