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Conozca al 'clon' de Diego Armando Maradona

9:31 | El flamante DT de Argentina cumple hoy 48 años y Escolástico Méndez es el tipo que vive de su semejanza con él

Por Miguel Villegas

D10S está en todos lados pero vive en Buenos Aires. Yo, que soy un buen cristiano, he llegado hasta aquí para buscarlo. Es más, para tomarme una foto. Su nombre es Diego Armando Maradona pero también se llama Escolástico Méndez, el tipo que vive (y sobrevive) del parecido que guarda con el crack argentino. Tanto, que en el histórico programa "La noche del 10" en el que Diego se entrevista con Diego (es decir con Escolástico), el primero cerró la nota con aire emocionado:

-- "Sos mi alma gemela, te veo bárbaro, seguí así".

Escolástico siguió. Y sigue hasta hoy.

RELIGIÓN ESCOLÁSTICO 
Escolástico Méndez se miró al espejo hace 20 años y se dijo, atrevido: "Sos divino". Lo era. Tenía un parecido enorme con Diego Armando Maradona, que ese 1988 ya era el mejor jugador del mundo. Desde esa mañana, Escolástico se consagró a la religión. A la religión maradoniana.

En el mejor papel de su vida, el actor de profesión Escolástico Méndez decidió interpretar al ídolo mayor de Argentina. Copió el peinado, aprovechó los pliegues que se le forman cuando sonríe, la talla y la panza, la habilidad para hacer jueguito y la crisis económica de su país. Nunca antes el hombre se había parecido tanto a D10S. Se levantó, se fue para el barrio más maradoniano de Argentina, La Boca, y se plantó en una esquina. Diez pesos la foto con Diego. A solo diez pesos una imagen para la eternidad.

Escolástico Méndez está ahí, en la intersección de las calles Del Valle Iberlucea y Magallanes, Caminito, y allá voy a buscarlo. Es viernes de sol bonaerense y se respira fútbol: en dos días se jugará el Superclásico que Boca ganó 1-0 a River en el Monumental. Acabo de estar en La Bombonera, el lugar donde se despidió Diego Maradona para luego ascender a los cielos futboleros. El taxista que me espera frente al Riachuelo calcula el tráfico hasta el aeropuerto de Ezeiza, comenta que tenemos tiempo, y con el tono de voz con que un obispo invita a confesar tus pecados, dice: "Andá pibe, andá a conocer a D10S. O a su doble, ya está. Tomáte la foto". Solo hay que seguir el caminito.

El doble es Escolástico, que es protegido por un tipo negro que parece peleador de sumo. "Una foto con Dieguito, una foto con el Pelusa", seduce él, a dos metros de una cámara polaroid, dos equipos digitales y una mujer de rasgos orientales que parece ser su fotógrafa. "¿Perú? Saludos para mis amigos peruanos de parte del Diego", canta delante de la cámara de video de un amigo periodista peruano que viajó conmigo. Solo porque es un video. A Diego, perdón, a Escolástico Méndez el tiempo real le gusta pero no la instantánea. Una foto le genera dinero y los argentinos no están para regalarlo. Un clic ajeno lo enfurece pero uno propio lo excita. Hago números: cuatro horas diarias, cinco días a la semana, 25 fanáticos promedio. 1.250 pesos semanales. Casi 400 dólares. Para el verdadero Diego, que viaja en primera clase, puede ser una propina. Para el otro Diego, que viaja en colectivo, es la comida mensual de sus cinco hijos.

"Un beso pibe, chau, Perú", dice y arrima porque un grupo de japoneses espera con cara de asombro. Que no es otra cosa que el clon de Maradona, un tipo tan pero tan idéntico que la noche del 18 de octubre del 2005 se sentó frente al verdadero Diego en un set de televisión y las cámaras no supieron a quién enfocar primero. Cuando Víctor Hugo Morales, el único narrador de fútbol que hizo llorar al mundo después del instante más feliz de la historia de los maradonianos --el segundo gol a los ingleses en 1986-- presentó el programa de esta forma: "Nunca se enfrentó a un rival que tanto conoce. Frente a frente: D10S y el Diez", el planeta fútbol se volvió loco. Se había cumplido la profecía. A falta de un redentor siempre será bueno tener dos.

Eso debe pensar ahora Escolástico Méndez. Ahora que su doble es el técnico de la selección argentina y que un sector de la crítica dice que no está preparado para asumir un cargo. Ahora que cumple 48 años y será, por fin, y después de mucho tiempo, un cumpleaños feliz.

Y quién sabe cuando todo marche mal él ponga la cara, como ya lo ha hecho muchas veces. Y quien sabe cuando marche todo bien, él ponga la cara, como ya lo ha hecho muchas veces.

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