Enrique Planas

*Esta nota se publicó originalmente el 30 de octubre de 2023

A pesar de sus murallas, la Lima antigua no estaba protegida de los fenómenos paranormales. Pequeña, con pocos miles de habitantes, rodeada de haciendas, temía a los piratas y a las sublevaciones indígenas, siempre expectantes. Pero son su fe religiosa y sus barrocas supersticiones las bases de sus mayores miedos: enterrados que no se quedan quietos, almas errantes, helados campanarios, velos negros de beatas que resultan hechiceras. El escritor y editor José Donayre Hoefhen antologa de las “ los textos que recuperan las angustias de antaño, como “El carbunclo del diablo”, “Fray Juan sin miedo”, “El encapuchado” o “Los brujos de Shulcahuanga”.

“Tradiciones de terror” es un libro ideal para tiritar en la inminente Noche de brujas, que esta vez sintoniza una fiesta importada con nuestras más añejas costumbres locales. Se trata de un paseo literario hacia nuestras catacumbas y al escalofrío de los zaguanes. De las 453 tradiciones reunidas, que por costumbre leemos de manera cronológica, Donayre desglosa y clasifica, de forma temática, los quince relatos más sombríos de su producción, sabiendo, empero, que en Palma siempre encontraremos humor. “Palma siempre es gracioso, pero todas las tradiciones recogidas apuntan hacia la oscuridad. Es impresionante la cantidad de tradiciones basadas en reportes sobrenaturales o terroríficos”, señala el antologador, quien no se explica cómo aún no se han llevado algunas a la pantalla, visto el renovado interés en el género. En sus textos, Palma cita a dos maestros del terror: al estadounidense Edgar Allan Poe y al prusiano E. T. A. Hoffmann, activo partícipe del movimiento romántico de la literatura alemana. Palma ha leído a ambos y los lleva a su terreno.

¿Cuáles son los mayores miedos de la ciudad de Lima a fines del siglo XVIII retratados por Palma? Para Donayre, hay que recordar que en buena parte de estas tradiciones, el autor repite que se trata de tiempos “en que no había gas ni faroles públicos”: “El de Lima es un miedo asociado a la oscuridad, algo que podemos apreciar cuando vamos al campo, y que nos trae el recuerdo de los apagones en los años ochenta. En la oscuridad puede suceder cualquier cosa, estás a un paso de la anarquía, quedas a la deriva. Lo demoniaco siempre está asociado a ella, Satanás es el príncipe de las tinieblas”, recuerda.

Muchos relatos tienen que ver con iglesias. Incluso hay un velorio, donde un cadáver se sienta frente al único hombre que lo vela. Se tratan de miedos muy vinculados a la fe católica. En “El encapuchado”, un fantasma viste hábito religioso y capucha, en “La calle de la manita”, una mano “negra, peluda y con garras”, aparece en un nicho en la pared de la primera cuadra del actual Jirón Tacna, aledaña al colegio del Espíritu Santo; una mujer con fama de beata colecciona hostias para sus misas negras, o la misma procesión de las ánimas. Palma siempre da un giro oscuro y trasnochado a las creencias religiosas. Y si sus historias no se ubican en un ámbito católico, siempre terminan con un rezo, como un refuerzo de la fe del lector.

Donayre vincula aquellos terrores a los que dieron cuerpo al vampirismo en Europa: “Este tipo de horror funciona solo en un ámbito católico, Drácula no se entiende en la cultura protestante, pues tiene que ver con la ritualidad de la Iglesia Católica”, añade. Por cierto, Palma siempre advierte en sus crónicas que él solo recoge “cuentos de viejas”. Su postura es la típica de un escritor romántico: alguien que cree en los rigores de la ciencia y que por ello toma distancias de aquellas leyendas, subrayando su naturaleza ficticia. “Son crónicas literarias que plantean una realidad al parecer verosímil, dejando que quede la duda”, explica el editor.

Tesoros de la bóveda de la BNP: "Tradiciones Peruanas" de Ricardo Palma dedicada al Coronel Manuel Odriozola.
Tesoros de la bóveda de la BNP: "Tradiciones Peruanas" de Ricardo Palma dedicada al Coronel Manuel Odriozola.
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > ANTHONY NINO DE GUZMAN

Herederos de terror

Gracias a sus “Cuentos Malévolos”, la crítica suele vincular al género terrorífico a Clemente Palma, hijo del escritor, más que al célebre tradicionalista. Sin embargo, como imagina el Donayre, el autor de “Los ojos de Lina” debió haber nacido en medio de un clima rico en historias sobrenaturales, anécdotas de entierros e historias de curas sin cabeza para luego llevarlas a su estilo modernista. De hecho, como nos recuerda el editor, la casa donde Palma vivió sus últimos años, en Miraflores, sigue considerándose envuelta en extrañas historias, ligadas a presencias invisibles, ruidos extraños y pérdidas curiosas. “Se sabe que la casa es brava”, afirma misterioso.

"Muchos relatos [de Ricardo Palma] tienen que ver con iglesias. Incluso hay un velorio, donde un cadáver se sienta frente al único hombre que lo vela. Se tratan de miedos muy vinculados a la fe católica."

José Donayre , editor.

Además de las influencias sobre Clemente Palma, podríamos hablar de cómo esta influencia macabra alcanza también a nietos o bisnietos literarios. Entre ellos, Donayre cita a escritores locales como Harry Beleván, por su elegante y sombría fantasía, a Carlos Carrillo, en su vena más sórdida, al reguste por lo diabólico de José Güich, y entre los más jóvenes, autores como Poldark Mego y Tania Huerta, ambos devotos del Palma más oscuro. Que dios nos coja confesados.