Domingo, 15 de octubre de 2006
Un viaje y una venganza


La Prueba es el primer largometraje de Judith Vélez, realizadora de varias cintas de corta duración. La película cuenta el viaje de Miranda (Jimena Lindo), en busca del padre (Gianfranco Brero) que abandonó a su familia, ahora prófugo y oculto en un pueblo del Valle del Colca.

La idea que articula el relato es atractiva. Vemos a Miranda hacer un
largo viaje. Le cuesta avanzar, tiene problemas de transporte, el lugar
padece una sequía prolongada, pero ella se empeña en llegar. La impulsa la urgencia de un tratamiento médico que no espera, pero también exigir un arreglo, saldar cuentas, encarar al padre, recordarle sus obligaciones e, incluso, vengarse. Sólo al final nos enteramos de un hecho que explica y da nuevo sentido a esa terquedad y que modifica todo lo anterior.

El viaje de Miranda ha sido un recorrido de duelo, de pérdida y lamento por lo que ya no tiene remedio. Comprendemos entonces el gesto de mortificación del personaje, su rechazo a cualquier posibilidad de goce (la relación con Pietro Sibille) y se justifica el pulso mismo de la película y su dilatada lasitud. Se siente el apego de la directora a su historia y la identificación con el personaje principal, sobre el que proyecta un aire depresivo y lánguido.

Paisaje neutro

Pero el desarrollo de esa idea interesante y sugestiva tiene problemas de tratamiento. El más evidente se deriva de la mirada benevolente - casi lisa, desprovista de tensiones fuertes, sin turbulencias- al paisaje, a sus habitantes, a todo el entorno. La película tiene un conflicto central,
planteado desde el inicio, que se va a resolver en las secuencias finales,
pero carece de las tensiones subsidiarias que son importantes en una
película de viaje, de transcurso, de recorrido por un medio que cambia al personaje y su manera de percibirlo.

El Valle del Colca es bello e imponente, pero no inquieta; es como una proyección del gesto desmayado de Miranda. La sequía como reflejo del ánimo de Miranda -y de sus prejuicios- y la irrupción de la lluvia al final, es una metáfora que no se sustenta en un cambio dramático de la percepción del personaje. Su mirada de "limeñita" prejuiciosa, como le reprocha el personaje de Sibille, apenas si es forzada en la escena del descubrimiento del verdadero ladrón de su billetera. Esa anécdota débil, sin embargo, es el escarmiento a su actitud recelosa hacia un mundo andino que recién alcanza dignidad ante sus ojos en la escena del trabajo colectivo para la instalación de la campana.

Retorno innecesario

Otro problema: los flashbacks (escenas que actualizan el pasado) no
funcionan por enfáticos, explicativos, redundantes. Lo más interesante de la película es el transcurso del presente y es allí que se juega todo. El enfrentamiento final con el padre es tan explícito que hace inútil lo
demás, desde la presentación del hermano enfermo hasta la disputa familiar por los problemas laborales del padre, o la descripción de la desigual performance de los hermanos en la piscina y el halago de Miranda a la "ley paterna" (lo que explica su rebeldía: "ayer te complací y ahora te agredo").

Por lo demás, La Prueba es una cinta correcta y aplicada. La fotografía, el sonido y la dirección artística son impecables y siguen el tono general de la película: su acento discreto y en clave baja.



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